dilluns, 21 d’octubre del 2013

EL CUL-DE-SAC INDEPENDENTISTA O CIEN AÑOS DE SOLEDAD (II de II)









Y este frenazo independentista, este haber dejado atrás su mejor momento, lo atribuyo a una de sus características más genuinas: la incapacidad para el análisis objetivo y para conocer la propia posición en un contexto de correlación de fuerzas. Ni todo el monte es orégano ni es oro todo lo que reluce. Y la Generalitat ha estado vendiendo que todo lo que relucía era independentismo y que el monte estaba lleno de independentistas. Puede que haya muchos, qué duda cabe, pero es que aunque los hubiera para constituir una masa crítica, tal vez sea precisamente esto lo que impele inevitablemente al reflujo..

Por citar un revés reciente, y a mi entender altamente significativo, tenemos el “incidente”con “Foment”. Y que algo rechina en la maquinaria independentista nos lo muestran los cada vez más llamativos desmarques de Duran Lleida. 

El caso de Foment es altamente significativo y pienso que marcará un punto de inflexión. Resulta que Foment entregaba el otro día unos premios y que Mas iba a presidir el acto. En esto que resulta que iba a asistir también Rajoy y que él lo presidiría. Parece ser que una hora antes, según la Generalitat, se conoce que Rajoy está de viaje y que en su representación, y como presidente en funciones,  presidiría el acto Soraya. Ante semejante “afrenta”, Mas opta por no ir.  “Más planta a los empresarios” decía la prensa domeñada. A mí más bien me parece que los empresarios le lanzaron un mensaje muy claro: pasamos de ti.

Muchos se han preguntado cómo la gran empresa catalana callaba ante los excesos soberanistas del Sr.Mas ¿Cómo la Caixa o el Banco de Sabadell podían asentir con la que se estaba liando? O los empresarios del cava, Freixenet, Codorniu… ¿Se habían vuelto locos también? ¿Y la Damm, que acaba de adquirir Pescanova? Pues bien, puede que ya empecemos a tener la respuesta. ¿Y qué es Convergencia sin el empresariado? 

La verdad, no es que uno beba los vientos por el empresariado catalán, ni por ningún otro, sino simplemente que, siendo su patria el dinero, no les veo patrioteando con Mas. Puede que a un botiguer se le convenza de que le irá igual o mejor  con la independencia. Pero esta milonga no se le puede colar a la Caixa o a Freixenet. 

Otro elemento son los continuos desplantes en que Durán Lleida parece incurrir de manera cada vez más calculada. ¿Ha decidido ya lo que quiere ser cuando sea mayor? Pronto saldremos de dudas.

En fin, que parece que la realidad virtual sobre la cual se construyó el independentismo empieza a chocar con la realidad de su propia propensión a materializarse como proyecto. Vamos, que empieza uno a tener la impresión de que el independentismo empieza a huir incluso de la realidad virtual que él mismo se había diseñado a medida. 

Es lo que viene a comentarJorge que le explicaba su amigo. Dicho así, podría parecer anecdótico, pero lo cierto es que uno dispone también de anécdotas propias que abundan exactamente en lo mismo, en esta huida de su propia realidad virtual. Y esto es muy grave para ellos. “E” me comentaba el otro día que un amigo independentista y profesional cualificado, le aseguró que ya estaba todo listo para la declaración unilateral de independencia, y que ya estaba calculado que los EEUU tardarían 20 minutos en reconocer al nuevo Estado. “Es que de lo contrario, apostilló, les abrimos las puertas a los chinos, y ante esta perspectiva… ¿qué otra cosa podían hacer?” 

¿Se puede vivir más lejos de la realidad? Pues bien, este mismo personaje le decía a continuación que acababan de conseguir el apoyo de los empresarios de Foment a la independencia. Consultando algo perplejo la noticia en distintas fuentes, resultó que no, que nada de nada. Unas semanas después, Mas les da “plantón” a los empresarios porque estaba en juego la dignidad de la Generalitatt. No coment…

Que la Filosofía no es el fuerte de los nacionalismos es de sobras sabido; menos aún del catalán. Pero a la vista de esta huida de la propia realidad que ellos mismos habían construido, no estaría de más que algún Think tank del independentismo le echara un vistazo a Kant. Concretamente a la Crítica de la Razón Pura, allí donde distingue entre dos acepciones de “realidad”, con dos términos alemanes cuyo uso en castellano o en catalán, por regla general es equívoco. Me estoy refiriendo a Realität  y a Wirklicheit. Ambos los traduciríamos por “realidad”, pero cada uno de los términos alemanes remite a un tipo de realidad distinto. 

Realität refiere al conjunto de notas que determinan un concepto. Ello dicho de forma somera. Un concepto que, por lo tanto, es “real” en la medida que tiene una “realidad”. Wirklicheit, por su parte, remite a algo así como “realidad efectiva”, a algo efectiva y materialmente existente. Es la distinción que le permite refutar el argumento ontológico de la existencia de Dios, por ejemplo. En el caso de lo “efectivo” en el sentido de “real-existente”, estamos en las mismas entrañas del  pensamiento filosófico ilustrado. En el otro, el de la “realidad” como definición de un concepto, estamos en Swedenborg y sus categorizaciones sobre los ángeles en “Los sueños de un visionario”. Donde “visionario” es el que ve lo que no existe materialmente: sus constructos delirantes.

La urdimbre que se construye sobre las tramas de significados que son los discursos nacionalistas, tiene mucho de “Realität” y poco de “Wirklicheit”. Como decía Leibniz, todo posible tiende a existir. Pero el grado de composibilidad del independentismo puede que entre en conflicto con dicha propensión.  A lo mejor el discurso independentista catalán ha funcionado hasta ahora precisamente gracias a la ficción de su propia “Realität”. Y ahora se vería metido en un cul-de-sac… sin solución de continuidad, porque si existe, no puede ser, y si es, no existe. Quizás por eso, cuando consigue su mayor éxito con la cadena humana, empieza a chocar con la realidad y se inicia el reflujo. Porque consiste en un constructo solipsista cuya vocación de existir choca con su propia esencia. 

Quizás porque, y eso rezaría tanto para el españolismo como para el independentismo, como sentenciaba Gabo García Márquez  “…las especies condenadas a cien años de soledad, no tienen una segunda oportunidad sobre la faz de la tierra”.

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