dissabte, 15 de setembre de 2012

SIC TRANSIT GLORIA MUNDI, MONTPENSIER (A vueltas con la muerte de Prim -XI)


Si Roma no paga a traidores y ya sabemos quiénes son, la pregunta es ¿quién es Roma? ¿Quién se encuentra en la cúspide del asesinato de Prim? Y como siempre: Qui podest?

Por estas páginas han pasado la práctica totalidad de los  implicados con cierto nivel de relevancia en la muerte de Prim. Falta citar a algunos elementos menores, o no tan menores, pero que en ningún caso serían ni los paganos ni los cerebros, sino simples ejecutores. Algunos incluso parece que estén allí para desorientar, tema muy a propósito,  evocando a Valle Inclán.

¿Quién salió directamente beneficiado con la muerte de Prim?

No fue Montpensier. Si una vez tuvo alguna oportunidad de convertirse en rey de España, fue fugazmente y el duelo con muerte del 12 de marzo de 1870 enterró sus aspiraciones junto con el cadáver del Borbón Don Enrique.

Siguió insistiendo y conspirando aun a sabiendas de que no iba a ser aceptado, ni en España ni en Europa. Gastó dinero a espuertas comprando periodistas y periódicos enteros, diputados y generales. Todo en vano. El naranjero, como se le conocía en Sevilla, o el "combien?", su apodo entre los libreros de Madrid, no invirtió bien los beneficios obtenidos con la venta de las naranjas de San Telmo.

En la votación del 16 de noviembre de 1870 sque e realizó en el Congreso para elegir al que iba a ser el nuevo rey de España, de 311 votos depositados, los resultados fueron los siguientes:

En blanco.....................................................19 votos

Luisa Fernanda de Borbón..............................1 voto

Alfonso de Borbón (futuro Alfonso XII)..........2 votos

Espartero........................................................8 votos

Antonio de Orleans( Montpensier)................27 votos

República española.......................................63 votos

Amadeo de Saboya.....................................191 votos

27 votos de 311 no es mucho, que digamos. Si además tenemos en cuenta que habían sido comprados a precio de orillo, Montpensier acababa de culminar uno de los negocios más ruinosos de la historia, y con una hipoteca de 5.5 millones de pesetas por levantar.

Que Montpensier tuvo mucho que ver parece fuera de toda duda. Que alguien le utilizó, también. Ya fuera azuzando su odio y ansias de venganza; ya fuera, más prosaicamente, induciéndole a pensar que todavía le quedaba alguna oportunidad de serlo. En cualquiera de los dos casos, Montpensier no pasó de mero edecán. Poco empaque para alguien que aspira a ser rey, aunque sea de España. Su muerte, al sobrevenirle un ataque de apoplejía mientras estaba cazando patos, es toda una metáfora. Y hasta un atisbo de justicia histórica. Sic transit gloria mundi, Montpensier, sic transit gloria mundi.

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