dimecres, 5 de setembre de 2012

MÁS SOBRE PAÚL Y ANGULO (A vueltas con la muerte de Prim - VIII)


MÁS SOBRE PAUL Y ANGULO
Paúl y Angulo fue señalado desde un primer momento como autor del atentado contra Prim. El odio que había acumulado contra el general, su radicalismo y sus actitudes vesánicas, así como las amenazas que, directamente o indirectamente -a través de "El Combate"- había proferido contra Prim, le situaron inmediatamente en el punto de mira. Se asegura, además, que Prim había afirmado reconocer su voz cuando, acercándose la cuadrilla de sicarios al carruaje, su presunto líder gritó "¡fuego, puñeta, fuego!". No hay constancia de ello y más bien parece una cita apócrifa. Sobre todo si consideramos que sí parece contrastado, en cambio, que cuando le preguntaron a Prim, ya en su lecho de muerte, quiénes eran sus asesinos, contestó así: "no lo sé, pero no son republicanos los que me matan".
Sea como fuere, Paúl y Angulo sabía que le iban a poner en el punto de mira y desapareció al día siguiente del atentado contra Prim. Anduvo por medio mundo, entre conspiraciones y, puede que también, negocios. Si volvió alguna vez a España sería esporádicamente y de incógnito. En 1886, dieciséis años después de la muerte de Prim, escribió "Los asesinos de Prim y la política en España", negando toda responsabilidad en la muerte de Prim y atribuyéndola a los «reaccionarios» -Montpensier, Serrano, los borbónicos alfonsinos...- murió en 1892, a los 49 años, en París. Unas versiones dicen que en extrañas circunstancias, otras que víctima de su adicción a la morfina.
Se le considera el ejecutor material y jefe de la cuadrilla que llevó a cabo el atentado. Pero igual que siempre había afirmado y proclamado que Prim fue un traidor que merecía ser ajusticiado por un tribunal revolucionario, Paúl y Angulo siempre negó también haber tenido nada que ver con su muerte. Fanático, radical y sin duda algo fatuo en su vesania, tiendo a pensar que decía la verdad. Resulta difícil imaginarle contratado por José Pastor, jefe de la escolta de Serrano, a quien odiaba, o por Solís y Campuzano, secretario de Montpensier, al cual hubiera guillotinado antes que a Prim en la mejor tradición de los Marat y los Robespierre. Y más difícil resulta imaginar que, si alguien como él hubiera sido el asesino de Prim, se lo hubiera callado durante más de veinte años..
Hay, además, muchas otras cosas que no encajan, pero antes seguiremos pasando revista a los sospechosos habituales y luego ya entraremos en los desencajes.


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